Drones de reparto, ¿realidad o ficción?

Todas las semanas aparece en los medios alguna noticia sobre el uso de drones para el transporte. Pero el tiempo transcurrido desde que comenzaron a verse estas noticias y el hecho de que aún no se haya hechon realidad, ha planteado para algunos la duda de si el reparto con drones está más cerca de llegar a las calles o de la publicidad.

Proceso de Entrega

En los vídeos sobre los primeros test de entrega que se han publicado, estás se han llevado a cabo en condiciones “óptimas”. Grandes jardines privados donde el drone aterriza y despega tranquilamente, dejando el paquete en el césped del cliente.

Sin embargo, la duda salta inmediatamente con las entregas en grandes núcleos urbanos donde predominan los pisos y no los jardines. Una de las soluciones que se han planteado es que estas entregas se centralicen en los conocidos como “puntos de conveniencia” –redes de tiendas u otros establecimientos, cercanos a las viviendas y adaptados para los drones, en los que se dejan las entregas para que los propietarios pasen a recogerlas.

Otra opción es que el uso de los drones se enfoque en las entregas que le sean más favorables. Por ejemplo, usarlo para alcanzar poblaciones lejanas o de difícil acceso en temporada de invierno.

Con respecto a su eficiencia, la posibilidad de que los drones tengan que volver hasta la base tras cada entrega podría suponer que fueran menos prácticos que un vehículo de reparto convencional a la hora de hacer entregas concentradas en pocos metros.

Seguridad

Sin duda, uno de los puntos clave y sin el cual nunca veremos a los drones volar por nuestras ciudades. Al igual que la tecnología hermana de los camiones sin conductor, los drones necesitarán demostrar que no suponen ningún peligro para la población al volar sin ser pilotados.

Al tratarse de vuelos automáticos, necesitan de un equipo de navegación que detecte los obstáculos que aparezcan en el camino. Y esto no incluye solo a mobiliario urbano que mantenga una posición fija y sea fácil de sortear o a viandantes que vayan a una velocidad baja, sino que incluye a otros vehículos e incluso a animales que puedan “atacarles” (hay multitud de vídeos en Internet de grandes aves golpeando a drones y tirándoles al suelo).

La caída del aparato o la de su carga supondrían un riesgo y ya se han registrado incidentes serios con caídas de drones, como el que le costó el ojo a un niño hace pocas semanas. Por último, tampoco podemos olvidarnos del vandalismo que podrían sufrir los drones, ya fuera para quedarse con la mercancía o con los propios aparatos, y que serían otra fuente de riesgo.

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