Ultima milla: la batalla de la tecnología y la logística

La última milla se encuentra en el ojo del huracán de la logística. Como elemento clave del ecommerce, vive un periodo de auge en el que se acumulan los esfuerzos por optimizarla, con la tecnología como principal aliado. Sin embargo, no todo son facilidades. La necesidad de ser cada vez más rápida y a la vez más eficiente y las nuevas tendencias urbanísticas hacen de la última milla un enorme reto logístico.

¿Qué es la última milla?

En la logística, la última milla hace referencia al eslabón de la distribución en el que el producto llega hasta las manos del cliente final. Pese a ser el tramo que menos distancia implica, es el que más influye proporcionalmente en el coste (algunos estudios estiman que alrededor del 28% de todo el transporte, aunque hay una gran variación dependiendo del caso).

 Además, el imparable crecimiento del ecommerce en todo el mundo está obligando a la última milla a reinventarse constantemente. Porque no es fácil el reto que enfrenta: entregar en menos tiempo, ofrecer más opciones de entrega y hacerlo de manera más económica.

 Pero el reto de la última milla tiene recompensa, ya que nos pone cara a cara con el cliente y da más valor a nuestro trabajo. Además, el cliente del comercio electrónico es más propenso a compartir sus experiencias positivas o negativas- en la web y sus redes sociales, lo que multiplicará el eco sobre la imagen de la marca del producto y de la marca del transportista que realiza la entrega. Por eso, contar con un proveedor logístico de calidad se hace aún más indispensable.


Nuevas tendencias de la última milla

La última milla se encuentra inmersa en una vorágine de cambios, especialmente en lo referido en las entregas a particulares, en las que nos vamos a centrar. Pero, ¿cuáles son?

 Necesidades

El cliente final es cada vez más exigente con sus envíos. Hasta hace no tanto, entregar al día siguiente era la única opción de entrega Premium con la que contaban. Sin embargo, en la actualidad los plazos se reducen a cada día que pasa. Horas de entrega prefijadas, repartos en el mismo día, etc.

 Y el usuario no quiere solo poder elegir la opción más rápida, sino contar con un gran abanico de opciones donde elegir según cada envío. Cambios de horario, de dirección, entrega en domicilio, en un punto de conveniencia… Está claro que cuando más posibilidades tenga, mejor para él y, por tanto, mejor para la empresa que consiga ofrecérselas.

 Es importante recordar que, aunque a nivel mediático todo parezca centrado en la apuesta por la velocidad, las encuestas indican que alrededor del 75% de los clientes siguen prefiriendo la elección más económica a la hora de enviar. Este porcentaje disminuye ligeramente entre la población más joven, pero entre ellos también es mayoría los que prefieren las entregas más rentables (70%).

 Pero no debemos limitarnos a ofrecer un plazo de entrega u otro. En todos los casos, es importante clarificar las expectativas y cumplir los plazos. Por ejemplo, si ofrecemos un periodo con una horquilla de entrega de varios días, aportar al cliente la posibilidad de ver la trazabilidad del envío nos ahorrará problemas y llamadas y aumentará su satisfacción.

 Conocer la sensibilidad de nuestro público a los plazos de entrega nos ayudará a acertar con las opciones de entrega que necesitan. Según una encuesta, el 27% de los usuarios ha rechazado alguna vez comprar alimentos online por el periodo de entrega, por un 26% de los que rehusaron comprar medicinas. En el extremo contrario se sitúan la ropa y los cosméticos, ambos con un nueve por ciento, para los que los compradores parecen tener menos urgencia.

 “Prepárate para un mundo en el que vehículos automatizados entreguen el 80% de los paquetes”

 Formas de reparto

El futuro que dibujan muchos analistas parece sacado de lo que hasta hace nada entenderíamos como ciencia ficción. “Prepárate para un mundo en el que vehículos automatizados entreguen el 80% de los paquetes”, asegura un informe de la consultora McKinsey.

 Entre estos aparatos se encontrarían tanto los drones como furgonetas o camiones conducidos autónomamente que tuviesen unas taquillas para que los usuarios pudieran recoger sus envíos en las puertas de sus casas. En esta automatización se incluyen sistemas de navegación capaces de reaccionar en tiempo real a las condiciones del tráfico, de la meteorología y de reordenar el reparto según las necesidades o la disponibilidad de los destinatarios.

 También se apunta a opciones mixtas en las que los vehículos sean automáticos en su navegación pero cuenten con un operario que -además de entregar el paquete- durante los trayectos pueda hacer operaciones administrativas: escaneo, trazabilidad, gestión de las entregas…

 Pese a la confianza que muchos muestran en el futuro de estos sistemas, lo cierto es que tienen aún por delante tres importantes escollos que solventar. Lograr que la tecnología sea más barata para que sea rentable, conseguir que se desarrolle una legislación que delimite el tránsito de vehículos automáticos y alcanzar la aceptación pública para este tipo de entregas.

 Como compensación, estas tecnologías abren una gran cantidad de ventajas, como la facilidad para ampliar horarios y días de entrega (especialmente los fines de semana) en los vehículos totalmente automatizados. En el caso de los vehículos con taquillas instaladas se presentaría la posibilidad de que, una vez terminado su reparto habitual pudieran hacer de punto de conveniencia estático, al que la gente pudiera ir a retirar sus paquetes. El estudio de McKinsey, sin embargo, muestra que los usuarios tienen una fuerte preferencia por recibir sus compras en el hogar y para que el 50% prefiriese acudir al punto de conveniencia el ahorro tendría que ser de tres euros.

 Otro hándicap de los puntos de conveniencia basados en taquillas inteligentes es la dificultad para albergar algunos productos debido a sus dimensiones, así como los problemas que pueden darse con los productos perecederos.

 Curiosamente, varias de las apuestas para el reparto de mensajería de mayor rapidez han optado por un vehículo más tradicional: la bicicleta, por sus facilidades para el reparto en las grandes ciudades. Sin embargo, las propias limitaciones de las bicicletas hacen que su radio de acción sea menor y tengan que partir de almacenes ya muy cercanos a su destino.

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